Kylie Jenner llegó al evento con un vestido de Schiaparelli que jugaba con la transparencia como un mago juega con la desorientación. La ilusión desnuda no fue sólo una elección de diseño: fue una declaración de confianza, poder y el arte de casi mostrarlo todo.

El público de la Met Gala había visto vestidos desnudos antes. Pero el Schiaparelli de Kylie era diferente: no revelaba, sólo sugería. Y la sugerencia, como todo seductor sabe, es mucho más poderosa que la revelación.
En un mundo que exige que las mujeres elijan entre cubrirse y descubrirse, Kylie eligió el espacio intermedio. Ahí es donde vive la magia: en el casi, en el casi, en el "¿lo hizo o no lo hizo?". eso mantiene la imaginación trabajando mucho después de que se quita el vestido.
Visto en: Daily Mail